
Esta música fue un regalo sembrado con paciencia. La sencillez que se queda pegada a los dedos no es fruto fácil: hubo que cantar mucho para que al final las palabras fueran limpias. Dos años de lucha.
Meditando, a veces en un estudio casi inventado, para que las letras vayan cada una a su sitio, para que al final le saquen de ‘maldito' y vaya a grabar como en los inicios.
Pero Kiko nunca esta solo, tiene el apoyo de Santiago Auserón desde la sombra; y cuando entra al estudio se encuentra con Joe D´Worniak, un inglés que consigue desde la producción poner la música de Kiko en claro por primera vez para el público.
Maravilla en diez canciones sudadas como echándote un cantecito.