La quemazón. Tiempos irrepetibles, pero no por las causas que muchos creen sino por la vida misma. Veneno no sólo fue un encuentro imposible de dos hermanos gitanos con un payo que sabía mucho, pero ni él mismo sabía cuanto. Aquella época, corta, duró menos que un sueño. Fue la juventud final, que se acaba, que no podía seguir.
Se encontraron Raimundo y Rafael, que eran unos muchachitos, pero conocían mucho, con un hippi, un deslumbrado en aquella Sevilla. Los Amador ya habían tocado mucho, y bueno, pero casi todo flamenco. Kiko ni siquiera vislumbraba con claridad la música como modo de vida; no sería hasta más tarde cuando pensaría que aquello tenía que dar de comer, de momento sólo tenía la mente abierta y se sentía libre.
Tocar y tocar, eso fue Veneno. Reunirse, casi siempre en casa de Kiko, y tocar sin parar. Disfrutando, sin consecuencias. Por la música misma se fueron concretando los temas, sin trabajar. Ninguno tenía idea de qué estaba haciendo, sólo tocaba, cantaba, iba a su bola.
En aquel grupo faltó el que alimentara la lumbre con consistencia, que aportara solidez, algo de sentido práctico y no sólo arte, para seguir. Los Amador se divertían porque se salían de lo que les habían enseñado sus mayores, pero seguían siendo unos muchachos que, además, podían ganarse el pan con otros rasgueos. Y el propio Kiko aún sabía demasiado poco para convertir una locura en algo con posibilidades de andar.
Cuando entendió que mal que bien se iba dedicando a tocar, que después de todo iba a ser músico, aquello ya no podía seguir. Era padre, faltaba el pan y allí no llegaban jurdeles. Veneno era una ruina. Era demasiado tarde para volver a ser libre, sin pensar en consecuencias. El juego no podía seguir.

Por fechas
1976 Con el gusano de vivir de la música ya mordiendo se pasa seis meses en Las Canarias, viviendo del aire en las playas y las cuevas, y tocando y componiendo. Después vuelve a Andalucía para recorrerla con amigos que van haciendo teatro y haciendo música donde les dejan: el Carro de los Cómicos de la Lengua. 1977 Se publica Veneno, producido por Ricardo Pachón, el disco que ha recibido las mejores críticas del pop español, pero treinta años después. Entonces nadie entendió y el público a otra cosa. Ese mismo año nace su primer hijo, después vendrán dos más. 1978 Se disuelve Veneno. Con más pena que gloria. Kiko quiere vivir de la música y así no puede. 1979 Colabora en "La leyenda del tiempo". Su rumba Volando Voy, cantada por Camarón de la Isla, sale como single. Los viejos devuelven el disco diciendo que eso no es flamenco. La Historia vuelve a repetirse: un disco adelantando a su época. 1980 Se retira a las costas de Cádiz. Monta un chiringuito en Conil. De algo hay que vivir.